lunes, 15 de febrero de 2010

Más Torneo del Interior: Athletic y un empate que lo complica

Por Juan Pablo Sommi. Material de Miguel Messina. Más del torneo interior en Deporlobos

Ya lo escribía mucho tiempo atrás uno de los periodistas más prestigiosos de nuestro país en materia de deportes. Dante Panzeri desde su magistral pluma afirmaba que el fútbol es “la dinámica de lo impensado”. Y vaya si tenía razón. Valga la cita a modo de homenaje, y además para tratar de empezar a entender por qué, en la tarde de ayer, Everton paso de estar casi clasificado a la segunda fase del Torneo del Interior a tener que definir a suerte y verdad en la última fecha de la ronda inicial sus chances de seguir en el torneo de fútbol más federal de la Argentina.

Pensé y repensé la manera de escribir estas líneas, aun sin poder entender como pasó. Déjenme confesar que aún sigo sin encontrar respuestas. Tal vez el título pueda responder de alguna manera. El fútbol tiene esos condimentos que lo hacen único, el más sublime en cuanto a emociones de todos los deportes que el hombre pudo inventar. Pero también esos mismos condimentos en ocasiones lo tornan injusto en su máxima expresión.


Las preguntas me siguen dando vuelta en la cabeza. ¿Miedo a ganar? ¿Relajación ante un rival que se expone débil, timorato y dubitativo en todas las acciones de juego? ¿Distracción? ¿Subestimación? ¿No saber liquidar las acciones en el momento preciso? En terminología futbolera, ¿Estar “verde” a la hora de definir un partido que se presenta accesible?
Tal vez no haya respuesta para todas estas preguntas. O tal vez si: “El fútbol es la dinámica de lo impensado”.
Everton se puso dos goles arriba en el marcador a los 13 minutos del segundo tiempo –producto de dos definiciones magistrales de Guillermo Luque, la primera a los 32 minutos del primer tiempo y la segunda de penal- y comenzaba a festejar lo que era la casi segura clasificación. El visitante, Lobos Athletic, era un canto al desconcierto. Los defensores no daban pie con bola, los volantes no paraban a nadie y los delanteros no les hacían ni siquiera sombra a los defensores del decano platense. A los 27 minutos el auriazul pudo liquidarlo, nuevamente en los pies de Luque, pero la bola se estrelló en el travesaño.
Nadie, ni el más optimista de los hinchas lobenses podía esperar lo que iba a suceder en 7 minutos. Entre los 28 y los 35 con una ráfaga de goles –Blasco, Calvo y Marino- el conjunto dirigido por Fernando Marro – que acertó con algo de fortuna en los cambios, sobre todo por la gran labor de Agustín Marino- se puso arriba en el marcador a pesar de sufrir la expulsión de uno de sus goleadores, Carlos Blasco y sin merecerlo en lo absoluto puesto que hasta allí no le había entregado NADA al espectáculo que sólo era animado por el equipo platense. En el Gobernador Mercante sólo se vislumbraban gestos de incredulidad frente a lo que estaba sucediendo en el rectángulo verde.

A los 44 llegó el zapatazo justiciero de Gastón García que puso el 3 - 3 final, que le devolvió algo de justicia al score y las chances de seguir dependiendo de sí mismo a Everton, que con una victoria frente a San Miguel de Las Heras en la última fecha sacará pasaje para la segunda fase.
Créanme que hacía mucho tiempo no observaba injusticia semejante, me fui del estadio sin poder creerlo casi todos los que estábamos allí presentes. Son las cinco de la mañana y sigo haciéndome preguntas para poder redactar estas líneas. Estoy cansado y no obtengo ni respuestas ni ideas que me permitan serles más ilustrativo a la hora de explicar lo que pasó. Las respuestas sólo el dios FÚTBOL las tiene.

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