La contínua costumbre de quedar varados

Siun dudas el servicio ferroviario deja mucho que desear y cada vez más. No es que nos guste hablar del mismo por el mero hecho de que nos puedan gustar los trenes o no. Sucede que gran parte de nosotros suele ser indiferente a las problemáticas del mismo cuando en realidad deberíamos recordar que el mismo es sostenido básicamente a través de subsidios del gobierno nacional que salen de nuestros impuestos.
Seguramente muchos de ustedes no viajan por esta modalidad de transporte por la falta de comodidad y tiempo de viaje que esta conlleva. Sin embargo, otros tantos lobenses deben sufrir a diario las calamitosas circunstancias a las que se someten cuando no hay otra alternativa.
Cómico o no, hoy en manos privadas que venían a darnos una mayor eficiencia en la gestión de los servicios públicos, los trene demandan una mayor cantidad de recursos que cuando eran estatales.
Sin embargo, no es esto lo peor. Porque al menos si el servicio cumpliese con las mínimas condiciones de puntualidad y horarios, desde luego, habría menos quejas. Y tal parece ser el problema de muchos vecinos de Zapiola, los cuales no pasan una semana sin que el viaje no se desarrolle con inconvenientes. O el tren para venir a Lobos o para volver se atrasa o, peor aun, se cancela.
Créase o no, de este servicio dependen en Zapiola los alumnos de escuelas tanto privadas como públicas de nivel medio y secundario, algunas docentes que van de Lobos hacia allí, y, hasta el propio pan que se transporta desde Lobos hacia aquella localidad. Y sumemos también la gente que trabaja, la que debe cumplir horarios... No sólo de Zapiola sino de más lejos también.
Con máquinas de los años 60´s que humean bocanadas de hollín y ruido inarmónico que piden su inmediata jubilación por los servicios prestados sumado a las compras ineficientes de material ferroviario usado -por ponerle un calificativo generoso- de la Secretaría de Transporte de la Nación a la península ibérica el servicio decae cada vez más en confiabilidad y se transforma en una aventura: la de no saber si el tren va a pasar.
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