Caos vehicular en el centro: muchas arterias cortadas y los nuevos semáforos hacen que andar por el centro sea una odisea
No estamos en la ciudad autónoma de Buenos Aires. Hablamos de Lobos, pese a que el título parece sacado de un diario capitalino. Ciertamente, tanto ha sido el crecimiento del parque automotor de nuestra localidad que ahora, algunas calles (como las de adoquines por obras) cuando se encuentran cortadas hacen imposible la circulación fluída.
Cuadras enteras de colas son ya una postal. Lo es también la calle Buenos Aires en horas picos en horas comerciales desde prácticamente la calle Irigoyen hasta la misma plaza 1810. El micro local también tiene sus padecimientos. Lo cierto, es que las calles de adoquines están cortadas y el tráfico debe buscar otras vías. Las quejas empiezan a aparecer y tienen un destinatario común: el gobierno municipal y los cambios implementados en el tránsito e inclusive hasta los semáforos nuevos como el de la calle Necochea y Sarmiento o el de la Chacabuco por más que estos (a nuestro parecer claro) eran una deuda histórica en esquinas peligrosas.
Viendo los cambios implementados por el gobierno, lo cierto es que el estacionamiento medido ayuda más a recaudar que a otra cosa. Las cuadras subsiguientes también están saturadas y a la normativa del no estacionamiento de autos por la izquierda, se le hace lógica la idea de que, donde más debiera aplicarse es en el radio céntrico saturado.
Los semáforos, como dijimos son ese mal necesario para evitar accidentes, pero ayudaría que, en calles como la Mastropietro -en su intersección con Chacabuco- la mano de la primera fuese única y que el micro venga por detrás del hospital junto con los autos que llegan al centro.
Queda claro, que la infraestructura de nuestra ciudad no fue pensada hace años para esta época en la que vivimos. Las calles empiezan a quedar más pequeñas, el centro se ha ido agrandando y Lobos, inevitablemente creció sobre todo demográficamente. La comparación con otras localidades vecinas surge como inevitable: la realidad es otra y ahora empezamos a sufrir sus consecuencias.
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