El relato hace agua por todos lados
La actual situación por la que está atravesando el país puede no ser de una gravedad importante en materia de economía. Pero sí lo es desde lo institucional. Quedó claro en la visita de la Presidenta de la Nación a los EEUU. Allí respondió a estudiantes de una universidad de aquel país ciertas cosas que tal vez muchos estudiantes de las universidades nacionales les resultaría grato saber.
La presidenta de la Nación maneja la comunicación de una manera casi Göebbeliana. Ella es la que habla por cadena nacional en primera persona con autoalabanzas contínuas hacia su gestión. Ha logrado cosas en sus años de gestión: el país tuvo una economía relativamente viable con ciertas tasas de crecimiento sostenido y con un tipo de cambio que en diez años favoreció la exportaciones, creó puestos de trabajo y favoreció fuertemente a una recuperación del mercado interno.
Se combatió en cierta medida el trabajo en negro (el que disminuyó) pero el valor del salario se vió a la vez fuertemente deprimido por una inflación de la que no es posible tampoco echarle solamente la culpa al gobierno.
El problema de la situación actual pasa por el despilfarro de cuantiosas sumas de dinero que se gastaron en el aire y con las que parece que se podría haber hecho mucho más. Veamos: en los accesos a la capital no se hicieron nuevas obras de importancia, pero el caudal de vehículos por el crecimiento demográfico no fue acompañado por necesarias obras.
¿Cómo es posible que en un país donde antes se trabajaba con un horizonte de planificación a muchos años hoy estemos, sin embargo, teniendo que palear el atraso de lo que no se hizo en años? Un país con poca infraestructura difícilmente pueda sostener su crecimiento y favorecer el transporte de mercancías con eficiencia logística. El transporte de cargas en la patria es altamente caro: sí, más que en un país desarrollado aunque parezca mentira.
El estado de muchas rutas es lamentable: la 41, la 205 y demás que ya generaron bastantes protestas y juntadas sin respuesta alguna. Otro ejemplo es la ruta 6. No hace cinco años que se hizo, y además de estar incompleta, ya se romió en varias partes con un inmenso peligro para los autos. Se gastó y se lo hizo mal.
El número creciente de camiones conspira para el mantenimiento del asfalto. Pero recordaremos que en otras épocas la carga viajaba en tren. Las carreteras saturadas se llevan vidas humanas, daños materiales y las concesionarias incumplen con sus contratos aduciendo actualización de costos y pidiendo aumentos de tarifas para hacer nada.
Lo sucedido en nuestra ciudad es otro ejemplo con millones de pesos invertidos en la calle Echave y con un asfalto roto en gran parte de su extensión: más plata tirada a la basura. Por increíble que parezca, en las épocas de mayor crecimiento económico, el estado no pudo siquiera hacer nuevas rutas. Carboni espera de hace más de treinta años un camino asfaltado que hay quienes aseguran que se hizo. Pero claro: si no se pueden mantener las rutas que hay... ¿Cómo es posible hacer nuevas?
Lo mismo puede decirse de los ferrocarriles, los que llegaron a un nivel de decaimiento en su infraestructura que nos coloca en una época de mayor atraso que en los 90, con mayores problemas del transporte de miles de personas que van todos los días a trabajar a la capital. No se trata de ser fanáticos de los trencitos: se compraron casi 800 coches de pasajeros a España y Portugal, de los que andan realmente pocos, donde hay otros tantos para refaccionar y locomotoras que a menos de cinco años de uso debieron ser descartadas. Una millonaria inversión tirada literalmente a la basura.
A eso, debemos sumar las escasas renovaciones de vías que van a muy lenta velocidad. En el ferrocarril Sarmiento no se pudo terminar aun una renovación de vías con durmientes de hormigón y rieles largos soldados para que los convoyes no anden traqueteando y rompiéndose más de la cuenta. Y ni hablar de los obsoletos sistemas de señal de brazo heredados de la época de los ingleses.
Se anunció en 2008 la licitación de la electrificación del ferrocarril Roca hacia la La Plata, se habló otras tantas del ferrocarril San Martín y aun vemos el inconcluso tren bala con una empresa a la que se adjudicó la obra pero a falta de financiamiento ni si siquiera logró que se hicieran acaso estudios de impacto ambiental. Y qué decir del soterramiento del ferrocarril Sarmiento, otra posible Yaciretá pero en versión ferroviaria. Se compró una tuneladora y ahí está parada la obra. No se terminaron de renovar obras y vías en superficie que ya estamos excavando para mandar el tren abajo.
El tema de la energía es un vértice de vital importancia futura, pero que ya genera inevitables problemas en el presente: el desabastecimiento de combustibles de manera estacional, los eventuales aumentos que siguen y segurán teniendo, infraestructura extractiva atrasada desembocan en que terminamos importando gas y petróleo de lejanos lugares del mundo a un precio que pagamos todos y que resiente la economía.
Esta última cuestión, junto con los enormes vencimientos de deuda externa son los que explican el por qué del cepo cambiario. Pero en diez años de gobierno, Cristina Kirchner y su difunto esposo nada hicieron para que Repsol invirtiera en el país en lugar de vaciar YPF. El gobierno estatizó pero antes hizo la vista gorda ante el vaciamiento de la petrolera nacional y lo que parece una medida acertada, en realidad llegó muy tarde para detener el inexorable proceso de caída de la producción. Ahora, habiendo estatizado, Repsol le reclama indemnización a la Argentina, y encima no tenemos guita para invertir en nuestra compañía.
Por supuesto, el dinero que se gasta en importar energía es dinero que también no se invierte en la generación en nuestro país, ni en la investigación de energías limpias y renovables. La demanda de energía crecerá: pero en el gobierno no se ven signos de inversión en proyectos envergadura. Otros, como el caso de Atucha II llevan demorados años y ya deberían haber estado terminados. Se sabe, las concesionarias invierten poco y se llevan mucho. El estado quiere sacar subsidios y la factura la paga el usuario.
La inseguridad es un tema escencial: es un derecho humano. Se sabe: la inseguridad puede ser una sensación, pero está basada en hechos que ocurren realmente y el gobierno no da pistas de tener un plan para combatirla. Peor aun: para evitar superpoblación carcelaria se deja en libertad a los delincuentes que por su peligrosidad deberían estar apartados de la sociedad a la que perjudican y a la que tienen asustada. Del castigo inhumano se pasa a la premiación de la violencia, y así, después de un poco de sufrimiento cualquiera que pueda prender fuego a su mujer en un par de años podría tener salidas.
Al peso de sufrir al delincuente, el gobierno le carga a la sociedad el peso de rehabilitarlos de aguantarlos. Ciertamente la sociedad discrimina y usa violencia simbólica contra aquellas personas que se ven excluídas de la posibilidad de adquirir bienes materiales y culturales. Hay muchos compatriotas que aun hoy son explotados o mal pagos en sus trabajos y eso también es una forma de violencia hacia los menos. Niños a los que no se les cumplen sus derechos, casos de desnutrición, violaciones, indocumentados forman parte de miles de personas dependientes de la ayuda estatal que se deviene en terreno fértil para el clientelismo político y que el trabajo sea sólo en forma de changas o temporario sin un horizonte o esperanza de que su situación mejore.
A uno u otro lado hay víctimas y en la cúspide la pirámide los que gobiernan sólo en beneficio propio, adquiriendo tierras fiscales a precios de escándalo, durmiendo en torres de Puerto Madero, viajando al exterior, cobrando sueldos que mes a mes se ajustan a la inflación que en cambio padecen los de abajo y los de abajo del todo. Ellos duermen en suites, alejados de los problemas que le pueden traer sus causas judiciales. La presunción de inocencia, favorece que la Presidenta de la Nación no esté obligada a explicar el hiperbólico aumento de su patrimonio durante sus años en la gestión pública. Si al menos, el promedio de la población hubiera de igual manera crecido, seguramente nadie se quejaría.
1 comentarios:
El relato de la crisis institucional lo instalan los que no quiere aceotar la voluntad popular y además son incapaces de tener un proyecto propio, las elecciones son claras. Todo esto apoyado por los que siempre sacan ventajas y quieren manejar el país desde las sombras. Sean serios con la República.
Horacio Ramos
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