viernes, 14 de septiembre de 2012

El cacerolazo, su legitimidad y la heterogeneidad de sus reclamos

Un pensador político dijo alguna vez que el pueblo, más que apoyar una determinada medida de gobierno, cuando se moviliza en realidad lo que hace es vetarla. Y vaya si es así. Lo de ayer, a nuestro entender lo deja claro. ¿Será un frente destituyente? ¿Fue realmente masivo?

De la última pregunta está claro que deberían ser las urnas las que digan efectivamente eso. Pero de lo que no caben dudas es que cualquier manifestación de este tipo en democracia ha de ser legítima. Se trata de expresarse. Estarán lo que impugnen que tienen derecho a hacerlo.

La otra cuestión es la heterogeneidad de los reclamos. Podrían esas diferencias condensarse en un reclamo uniforme. Tal vez no. Sólo dos (tal vez tres) cuestiones parecen ser un mensaje coincidente y sincero de los que se manifiestan: el no a la re-reelección, el autoritarismo y la imposición por un lado, el no a la corrupción por el otro y los legítimos reclamos contra la inseguridad. Este último punto es el que más coincidencias genera.

De todos, este último es el que la gente siente que merece la solución urgente. Y es así porque la pérdida de un ser querido, de un familiar o el no ser dueño de que lo que legítimamente fue ganado a base de esfuerzo y trabajo. Coincidimos igual, con que quienes se movilizaron podrán ser en su mayoría gente que tiene un mejor pasar que otras, pero eso no quita su derecho a manifestarse y considerar válidos sus reclamos.

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