Haz lo que digo: no lo que hago
Haz lo que digo, pero no lo que hago. La presión política de la Presidenta de la Nación sobre el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires es una clara contradicción entre lo que se proclama hacia el mundo (sobre los ajustes) y lo que manda a hacer a su súbdito. La Nación es casi como un fondo monetario internacional hacia las provincias.
No hay magia posible: gestionar recursos tiene que ver con gastar menos o bien con aumentar impuestos o crear otros. No se pueden inventar los recursos que no están. La historia de las transferencias de las escuelas de la Nación a la provincia son una clara muesra de que el ajuste siempre estuvo vigente. En los años 90, por sugerencia del FMI (ese del que tanto reniegan los K) hizo que el sistema de educación pasara de la nación hacia las provincias. Las provincias se hicieron cargo de la educación con sus fondos y recursos propios mayoritariamente, a la vez que el dinero que se ahorraba el estado nacional pasó, como siempre al agujero negro de la deuda externa.
La del subte, con transferencia casi con nulos recursos a la ciudad es otro ejemplo de la asfixia. Ahora, que tanto le gustó desués de nueve años a la Presidenta hablar de ferrocarriles para reemplazar a los camiones olvidó CFK decir que estos servicios también fueron cedidos con sus respectivos costos a la provincia. El resultado de esta política es nefasto. Y otra de las francas contradicciones es el uso de un ferrocarril sin terrenos para sus actividades: dichos terrenos se usarán para construir viviendas.
Tal vez no sepa Cristina que Abbott, cerca de Lobos, se abrió un impresionante centro de logística multimodal: con casas allí, ese centro no existiría sencillamente. Pero volviendo al doble discurso, también la obediencia debida de Scioli calla lo que deberían ser legítimos reclamos: en vez de pedir lo que corresponde, ciertamente una crisis económica en la provincia de Buenos Aires como consecuencia de pagos atrasados puede empujar aun más a la recesión al paradójicamente principal centro de votación del Frente para la Victoria.
El aguinaldo ausente, que tal vez hasta se pueda pagar en cuotas terminará siendo gastado en vivir y no en mejorar la calidad de vida los habitantes bonaerenses, ya no habrá quien compre el electrodoméstico que pensaba comprarse, la moto que tenía planificada o las vacaciones tan anheladas. Nos preguntamos si la presidenta no es consciente de esto y si no teme que el efecto Boomerang cargue ya no sólo con Scioli sino con ella también. La desconfianza del asalariado se paga caro. Y quizás también pueda facturarse en eso que tanto obsesiona a los peronistas: los votos.
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