viernes, 22 de junio de 2012

Editorial: los dos demonios

La Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner y el líder de la Confedereación General del Trabajo, Hugo Moyano se encuentran duramente enfrentados por estas horas por motivos que si bien no dicen, claro está, son sin embargo inocultables.

El Secretario de la CGT va por su reelección y, rápido de reflejos, ante el veto en cierta manera encubierto presidencial a la subas de sueldos que luego puedan trasladarse a la economía, el camionero se dió vuelta y ya no es parte del microcosmos oficial. No obstante, así consiguió igualmente un aumento del 25 % para su gremio en materia de salarios. El mismo fue acordado con los empresarios del sector del transporte, lo que hace suponer que habrá un margen de impacto en los "costos", que serán la justificación de  para eventuales aumentos.

El líder camionero, defiende, más allá de todo esto, un modelo de transporte que resulta aún más caro para el país que en otras naciones desarrolladas. Aquí toda la carga se transporta por camiones y los pasajeros con micros. El ferrocarril cumple así un papel totalmente marginal en los fletes, siendo que es mucho más económico como medio de transporte.

El esquema de fuertes subsidios al transporte automotor resulta más caro que el mantenimiento de una infraestructura ferroviaria como la que supimos tener y que, en nombre del neoliberalismo aniquiló el ahorro de generaciones de Argentinos. El gobierno nacional no parece interesado en cambiar este esquema.

Acusado por la "Mafia de los Medicamentos", Moyano siempre fue un personaje de una popularidad baja y que ha sabido ser rechazado por gran parte de nuestra ciudadanía, pero, extrañamiente sectores a los que siempre ha estado opuesto, son aquellos de los que hoy recibe solidaridad.

La maniobra de Moyano y su pelea con el gobierno llega en un momento en que el camionero busca su reelección en la CGT. La protesta, aunque justa por lo que se reclama se convierte en una mera puesta en escena en la que Moyano no representa la real renovación de la dirigencia sindical.

Aliado circunstancial de Moyano, los pingüinos reniegan del crecido que supieron alimentar y una vez más la lucha por el poder tiene como rehén al pueblo argentino. El gobierno aspira al desgaste de Moyano por el descontento social de la falta de combustibles. El Secretario de la CGT culminó el reclamo puntual y ya avisa que irá a protestar contra el confiscatorio impuesto al "trabajo", mal llamado ganancias.

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