Solicitada de publicación del concejal Oscar Abosaleh
Sr. Director, solicito a Ud. la publicación de la siguiente reflexión, en respuesta a la nota que el Sr. Villa escribiera en relación a la inauguración de las sesiones del HCD del primero de abril próximo pasado.
Antes que nada quiero agadecer al sr. Villa las palabras finales referidas a mi paso por la parroquia de Empalme Lobos, su recuerdo de mi esfuerzo por trabajar por los pobres. Recuerdo aquella época con muchísimo cariño. Los viajes que hacía a La Plata a buscar los alimentos que la provincia enviaba a los pobres, que por el neoliberalismo de Carlos Menen apoyado por el entonces diputado Gustavo Rubén Sobrero, nos llevaron a tener en el país más del 54% de pobres. El sostenimiento, propaganda, difución y apoyo del actual “nacional y popular” intendente, de aquel proceso de empobrecimiento, fue su trampolín a su banca en la provincia. Recuerdo los cheques de $500 (pesos de entonces, yo cobraba $400 por mes) que traía a las institucines y a los pobres; lo de siempre, dádibas que son inaceptables en la política, ya que ésta debe transformar y acrecentar la justicia, la equidad y el desarrollo de los pueblos, no el dispendo de los fondos públicos para hacer creer que las cosas cambian cuando no cambia nada.
Recuerdo también a los abuelos que en decenas venían a pedirme por favor que les pagara la luz, el gas, les diera alimentos, porque no daban más. Fue en ese marco en que nació el Hogar de día “Honrar la Vida”, del que soy fundador y me siento sumamente orgulloso. Ciertamente, señor Villa, esos recuerdos son imborrables, para mí y para muchos buenos hombres y mujeres que trabajaron, a la par, para lograr aquellas obras de amor.
Quiero obviar, sin embargo y paso por alto, la ironía, que con dicho recuerdo hace de mi actual tarea leguislativa y la pretención de hacerme quedar como inútil en esta mi actual actividad política, “señal que cabalgamos”.
Yendo al texto de la nota de la que hablamos, quiero solo referirme a dos cosas. Primero al hecho de que la sesión se terminara abruptamente y segundo al tema de los símbolos patrios.
1º) Cuando los radicales eran gobierno en el Municipio al inicio de la democracia, en el HCD acordaron, a mi entender sabia y democráticamente, tomar la decición de que en la inauguración y luego de las palabras del Intendente, cada presidente de bloque dijera lo suyo. Nada más democrático que dar espacio a todas las voces, en el que es el recitno del pueblo. Si no estoy mal informado, esto ocurrió en el año ‘84. Fijénse son 28 años de tradición democrática. VINTIOCHO. Lo que hizo el oficialismo, enotonces, no es solo anecdótico. Los dichos de los concejales de la oposición, a mi etender, no fueron exagerados. No se puede, de un plumazo, irreverentemente, borrar una tradición como esa. TRADICIÓN INSTITUCINAL, ACORDADA Y SANA. Es cierto que el intendente pudo haberse ido sin escucharnos. No tenía obligación personal. Pero él no estaba ahí sentado como Gustavo Sobrero, sino como el Intendente Municipal, como quien representa a una Institución del Etado y la Democracia y como tal debió actuar, respetando incluso aquella Tradición, fundada por todos en el ‘84.
A lo mejor hay algunos que piensan que el Intendente puede hacer lo que quiere, cuando queire y cómo quiere. No es lo que yo creo ni lo que la sana doctrina afirma, por eso incisto, su actitud fue antidemocrática y patotera. Aunque también se asoma, en ella, un cierto capricho y despecho muy propio de los adolescentes, inaceptables en un señor de más de 60 años y con ese cargo de responsabilidad y representatividad.
2º) Respecto de los símbolos Patrios. Lamento mucho la postura de quienes consideran como un mero formalismo el izar y arriar las banderas. Es algo que no puede olvidarse o simplemente considerarse un error. ¿Qué diría un Inspector, que al participar del acto de una escuela, notara que la directora despide a todos con las banderas aún en el patio? ¿diría que es olvido? ¿Diría que es razonable no darse cuenta?
Por mi parte, el hecho de izar y arriar las banderas es algo más que dar inicio formal a las sesiones. El momento de izar las banderas en el recinto, me recuerda por qué estoy sentado ahí. Me enrrostra el compromiso asumido el día que acepté estar en una lista de concejales y me recuerda para quién estoy ahí. Es por la gente de mi patria, de mi pueblo. La Bandera Nacional, me recuerda a Belgrano, San Martín, Tuopac Amarú, Juana Azurdui, Angeleli, los héroes de Malvinas, Palacios y tantos que muerieron por nuestra tierra, nuestras insitutciones y nuestra gente. Cómo no determe un instante y mirarla con orgullo y con responsabilidad. Como considerar que izar la bandera es igual a cualquier otro acto formal que le da validez a la sesión. ES OTRA COSA Y NO TIENE NADA QUE VER CON EL FORMALISMO. Pero en fin Sr. Villa, no pretendo que coincida conmigo.
El momento de arriarlas es otro momento singular para mi, ya que cuando eso sucede al terminar la sesión, me detengo a pensar si hice todo lo que pude o debí. Si lo hice por las razones justas y debidas, si tuve la capacidad de honrar con mis decicines a mis conciudadanos y si pude ser fiel al bien común, la verdad y la justicia. Para mí ES OTRA COSA Y NO TIENE NADA QUE VER CON EL FORMALISMO. Tampoco pretendo que coincidan conmigo. Yo lo vivo así.
Pero ver ese día, del inicio de las sesiones, al concejal Videla y a la Concejal Sobrero, bajar las Banderas como si bajaran ropa de la soga, mirando hacia otro lado, apurados y displicentemente, sentí indignación y pena. Creo que más pena que indignación, ya que sentí que la Nación que amo, no nos merece. Al menos NO NOS MERECE ASÍ.
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