sábado, 26 de noviembre de 2011

¿Violencia escolar o violencia social?

La etiqueta "violencia escolar" pone a la institución educativa bajo la lupa. Pero cabría preguntarse si debemos hablar de violencia escolar o social, porque, en realidad, la violencia es una manifestación que encontramos en distintas capas e instituciones de la sociedad. ¿Acaso alguin piensa en que, en definitiva, la escuela es generadora de violencia?

Asimismo, deberíamos preguntarnos qué se entiende por violencia escolar específicamente. No obstante, cuando uno lee que en los diarios que un padrastro mata a su hijastro o que en una villa del Conurbano se desata una golpiza con un acuchillamiento entre dos chicas frente a uno de sus hermanos y que esta fue llevada a esa casa por uno de sus padres, por no mencionar. Me atrevo a decir que nuestra sociedad, en realidad, padece un estado de violencia generalizada.

La violencia social y cotidiana es nuestra forma más aberrante de comunicación. Atrás de la violencia puede haber muchas causas (las hay sin dudas), pero la escuela como un cmún denominador no puede ser tal. El hecho de que lo que en realidad se trata de violencia social y que tiene a la escuela como a uno de sus princiapes escenarios se debe, principalmente, a que la escuela es la institución más universal de nuestra sociedad. Y es cierto: no todo el mundo va a la iglesia, no todos pasan contínuamente por una comisaría, y no vivimos yendo al registro civil en todo momento.

La escuela -y sobre todo la pública- es, y sigue siendo la institución que por excelencia nuclea sin diferencia alguna a todos los miembros de una sociedad. La escuela, es también lugar de encuentro y principal lugar de socialización fuera del nucleo familiar privado. Y así, cuando decimos socialización hablamos de que, si bien es cierto que la escuela educa y forma, no menos cierto es que la escuela tiene cargar con esta pesada mochila que es la violencia social. Quiero decir con esto, que, inevitablemente la escuela es una caja de resonancia de lo que sucede en la sociedad. Si la sociedad es violenta es porque los integrantes de la misma lo son, y de esta manera la escuela es la que termina sufriendo el medio en que está inserta.

Es imposible negar que, precisamente, la escuela es una institución que rema contra la corriente: mientras desde los medios de comunicación sube el rating con cada pelea mediática, mientras los jueces no hacen justicia, mientras haya corrupción o sensación de ella en esferas del poder político, la escuela poco puede hacer. De casi 16 horas que los chicos están despiertos sólo 5 pasan en la escula. Imaginemos lo peor que podría ser el resto: golpizas de padres en la casa, violencia de género y doméstica, el muno de la droga al acecho, la contínua invitación a placeres prohibidos.

Ante cada injusticia, como la de hace pocos días en Cañuelas cuando una persona atropelló a otra, inmediatamente la gente salió a buscar para linchar a quien atropelló a su víctima. El síntoma es claro: hacen justicia por mano propia porque simplemente creen que el estado no es capaz de hacerla. En un clima de violencia generalizada sale a flote el malestar de quienes sienten muchas veces que no hay quien pueda, hoy por hoy, garantizarle una buena convivencia.

El mejor ejemplo que tienen los alumnos no es siempre el de la escuela: es el de sus padres. Porque es la familia la unidad básica de la sociedad. E imaginemos que los padres pocas veces concurren en la escuela secundaria cuando son citados por la autoridad escolar. En lo personal, como ex preceptor recuerdo una vez que no pude dar con el padre de una alumna por el asunto d sus faltas y opté por llamar a su madre. Al hablarme por teléfono esta me dijo que ella no tenía nada que ver porque la alumna vivía con el padre y que ella estaba separada... Me pregunté inevitablemente y de manera políticamente incorrecta si el hecho de estar separada de su marido implicaba dejar de ser madre de la menor y evadir su deber como progenitora.

Otra anécdota que recuerdo es la de un adulto en su auto on su hijo cruzando un semáforo en rojo que casi choca a alguien que lo hacía correctamente en verde. Grande fue la sorpresa para mi al ver que el infractor le increpaba a quien pasaba en verde el no frenar. Los dos se bajaron del auto y ahí nomás casi empezaba la pelea. Las malas palabras, insultos y agravios se sucedieron en una experiencia que maleducará al menor que iba a en el auto. Imaginemos al chico en el aula cuando el maestro le pone una nota baja... Y aquí otro ejemplo de cuándo un padre de movida cuestiona a un docente sin interiorizarse de lo sucedido primero.

Nadie duda tampoco que la situación socioeconómica (léase la falta de bienestar) influye en cómo uno se desarrolla en la vida. Pero no por ello alguien que económicamente no tiene todas sus necesidades y confort cubiertos va a ser violento. Insisto en que la violencia no es escolar. Es una condición social lamentable de estos tiempos y que la escuela no puede actuar sola frente a ello, como así tampoco basta que el estado lo haga. Todos los que estamos en contra de la violencia debemos poner nuestro grano de arena, mostrar que es mejor la buena onda al odio.

Eduardo Marcos Bobbio.

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