sábado, 15 de enero de 2011

Editorial: un servicio ferroviario inexistente

Hace un tiempo, tal vez un par de años, y con asistencia de autoridades locales de la municipalidad de Lobos, la comisión Salvemos al Tren realizaba en el Museo Pago de los Lobos una muestra histórica sobre el ferrocarril. Sin embargo, más allá de la excusa de subirse al tren del recuerdo, lo cierto es que dicha actividad se enmarcaba en una campaña en la que se reclamaba la apertura de un servicio entre Cañuelas y Saladillo con un claro fin netamente social.

Dicho fin, se centraba en brindar a las localidades que no tienen acceso con el asfalto desde las rutas una serie de servicios que lograran conectar a los pueblos con sus ciudades cabeceras y no centrado desde la conexión de la capital con dichos destinos. La señalada asistencia de los funcionarios debía suponer un apoyo al proyecto, pero sin embargo, nunca más hubo pronunciamientos al respecto. Al menos hubiese sido bueno saber por qué no se siguió hablando del tema.

Para ese entonces, lo que sí funcionaba y lo sigue haciendo aun, es el servicio de pasajeros que une Constitución con Saladillo y General Alvear a través de dos coches motores adquiridos a Portugal. El servicio se trata de dos idas y vueltas semanales, saliendo los viernes de capital y regresando finalmente el sábado, haciendo lo propio los domingos y lunes, respectivamente.

Lejos de parecer una utopía, el servicio tiene, aunque no lo parezca una demanda que mal o bien justifica su existencia, pero es claro que sólo un tren de fin de semana no puede proclamarse como la reapertura de los trenes regionales. No es ni siquiera la vuelta de lo que en algún momento fue un servicio de verdad.

Es cierto que para el común de la gente el modo ferroviario no se encuentra arraigado, limitándose el uso de los trenes de pasajeros regulares a la capital y sus alrededores, donde los mismos, si hubieran desaparecido como en el interior, hubieran desatado una verdadera catástrofe urbana. Y justamente no hace falta mucho ver el caos en el tránsito que se genera en la capital y los puntos de acceso a esta. Sería bueno, entonces, que los funcionarios se decidieran de una buena vez a innovar y plantear soluciones inteligentes al transporte.

Ahora bien, cuando uno ve tanto accidente en la ruta, se pregunta si mucha de esa gente antes no viajaba por otro tipo de servicios que, aunque dejaran bastante que desear, no son, sin embargo, mejores que aquellos trenes que supimos perder. El transporte de cargas, ahora privatizado y destinado a unos pocos proyectos particulares y propios de las empresas de carga que los explotan (NCA pertenece a la aceitera General Deheza lo mismo que Ferrosur Roca con la cementera Loma Negra) no permitiendo casi a terceros el acceso a un transporte más económico. Encima, y como si fuera poco, usufructúan maquinaria y combustible pagado por todos nosotros.

Hoy curiosamente, Argentina posee un costo de flete mayor incluso que el de los EEUU pese a la incontable cantidad de subsidios con que cuentan los camioneros y así cabría preguntarse dónde es que estaban las pérdidas millonarias de la ex Ferrocarriles Argentinos. Imaginemos los gastos de los pavimentos rotos en las rutas a consecuencia de camiones excedidos de peso. ¿No es eso pérdida para nosotros?

Eduardo Marcos Bobbio

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