sábado, 29 de enero de 2011

Editorial: el tema de las picadas y sus soluciones

Por estos días se habla bastante de lo que tiene que ver con las picadas automovilísticas en distintos puntos de la ciudad. El hecho, sin dudas grave, pone en peligro a los más indefensos: los peatones. Sin embargo, cierto es que por el momento las autoridades no han podido dar mayores respuestas a la solución del asunto.

Verdaderamente, la de los coches modificados es toda una industria: la venta de escapes de competición, talleres donde se hacen modificaciones a los automóviles, accesorios y demás, son todo un negocio dentro de la propia industria automovilística para tratar de exigir las máquinas al máximo, logrando mayor velocidad, ruido y caballos. Para quien corre picadas, el automóvil no es medio de transporte: es un objeto de culto.

Por estos días, también se han escuchado diversas propuestas en torno al asunto. Y una de ellas resulta llamativa: hablamos de que le piden al estado la creación de una pista de pruebas en algún tipo de predio a fin de que los que quieren hacer ruido y ver la velocidad de sus máquinas lo hagan sin molestar a los demás. Sin embargo, la pregunta que hay que hacerse es la siguiente: ¿no existen otras prioridades? ¿No podrían acaso los amigos de la velocidad irse a otro lado? Y aun así... Habiendo una pista para que los muchachos hagan de las suyas... ¿Nos aseguraríamos realmente que las picadas en el centro dejen de existir?

Ciertamente, la velocidad consigo misma conlleva adrenalina por más rótulo de "deporte" que se le quiera poner. Parece mentira que se quiera encubrir la peligrosidad de esta actividad bajo esa denominación eufemística. Porque la adrenalina es igual a riesgo, y el riesgo que plantea una calle con sus innumerables obstáculos es sinónimo de transgresión y el riesgo de esta significa más adrenalina aun.

Porque si alguien cree que por hacer una pista de skaters en el parque, el asunto de estos merodeando en el centro se termina verdaderamente parecen equivocarse. Justamente, como en las picadas, en el skate resulta emocionante no sólo el hacer piruetas, sino hacerlo en lugares donde resulta arriesgado e imprevisible lo que pueda suceder, como el riesgo mismo de la gente que anda caminando y que con tanta habilidad estos jovencitos esquivan. No es lo mismo una pista en el parque a la que a la semana le pierden el vértigo a que toda una ciudad sea una pista entera que nunca terminan de descubrir y que guarda para sí la espontaneidad.

Porque además, nos guste o no, el skater es un deporte de riesgo, no sólo por el accidente que pueda sufrir quien monta su skate, sino por los riesgos adicionales que han de aumentar la emoción al asunto. Por ello, sorpende a veces que mucha de la gente que habla públicamente quejándose de la peligrosidad urbana de estos asuntos sea justamente padre de uno de estos skaters.

Claro que, al menos los skaters son un problema menor si se lo compara con la velocidad aunque sea la adrenalina su elemento en común. Porque, mientras podríamos decir que los adolescentes a veces desconocen los riesgos que implican determinadas actividades por el hecho de adolescer, los que corren picadas son muchachos bastante maduros que no pueden poner por delante la palabra "deporte" a la responsabilidad que significa conducir un vehículo.

En todo caso, lo de un chico y su necesidad de salir en el skate a hacer piruetas se lo puede entender y quizás no esté mal que les hagan una pista en el parque municipal, pero lo de los grandotes ya creciditos no pasa por la travesura, y no parece ni lógico ni adecuado que se deba sacarle dinero a los contribuyentes para darles un gusto a esos que tienen la suerte que yo no tengo de comprarse un auto.

1 comentarios:

Anónimo 5:34  

Al final, y luego de releer la nota, no sé a ciencia cierta si el problema son las picadas de autos, los skaters o quien la escribe que no puede comprarse un auto.

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