La xenofobia
No vamos a hablar aquí sobre este tema de las tomas, de los punteros, de quién es quién y de quién tiene la culpa. El dato de esta semana era que los ocupantes de los predios tomados en estos días en capital y el Gran Buenos Aires son de origen de países limítrofes. Ello, como es de imaginar, despertó gran cantidad de suspicacias y de comentarios ofensivos hacia bolivianos, paraguayos, peruanos y demás.
Es mucho lo que se escucha decir que ellos vienen a sacarnos a nosotros el trabajo y todo ese tipo de cosas... Ahora, uno se pregunta... Son los bolivianos, peruanos, chilenos o paraguayos culpables del querer venir a este país en busca de mejores oportunidades que las que pueden conseguir en sus países. ¿Acaso no hicieron eso nuestros antepasados cuando vinieron a este mismo lugar buscando aquello que sus madres patrias les negaban? ¿No es la misma Constitución Nacional que ampara a la inmigración de los países limítrofes la misma que cobijó a nuestros abuelos y bisabuelos en este suelo que por supuesto no nos pertenecía?
¿De qué nos quejamos entonces? ¿Desde cuándo querer vivir mejor, darle la posibilidad de estudiar a sus hijos, obtener acceso a la salud pública es un delito? ¿Deberíamos culpar de eso a esa gente que catalogamos como de piel más oscura?
Es increíble ver cómo nuestra sociedad que los discrimina es, sin embargo, la que se vale de su mano de obra "barata" en distintos tipos de emprendimientos a costa de los que se pueden comprar algun auto cero kilómetro algunos de sus dueños. ¿Qué dirá la señora que tiene en su casa de empleada a una de esas pobres mujeres a las que debe pagarle unos pocos pesos en pleno Barrio Norte de la capital?
Acaso me pregunto... No seremos nosotros nuestros propios enemigos... No somos los propios argentinos los que nos marginamos entre nosotros y no nos queremos hacer cargo. ¿Nos olvidamos acaso que, incluso acá en Lobos hay bolivianos que con sus comercios pagan sus impuestos, mientras otros tantos de acá no pagan ni una sola tasa municipal de sus casas?
Ciertamente, la sinvergüenzada no conoce de nacionalidades ni colores de piel y las actitudes que tomamos con cada uno de nuestros semejantes tampoco.
Eduardo Marcos Bobbio.
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