martes, 2 de noviembre de 2010

La sensibilidad de la Presidenta de la Nación

Nuestros lectores podrán renegar que estamos muy editorialistas en estos días. Pero no es para menos. Estamos en cierto momento histórico y escribir estas líneas es como un esfuerzo para entender lo que puede estar por venir. Ustedes pueden o no estar de acuerdo, por lo que, sus observaciones ayudarán cuando menos a que pueda cambiar algunas de estas ideas.

Sin dudas, esta nota estaría mucho mejor reflexionada si fuera por un psicólogo que por un simple redactor de un medio local de una de las tantas miles de ciudades de este país. Antes que nada quiero decir que no invoco a un psicólogo porque crea que el estado mental de la presidenta deba ser analizado o porque ella no esté cuerda. Por el contrario, soy de la idea de que la gente cuerda necesita y mucho a los psicólogos porque ellos pueden mostrarnos otra mirada de lo que somos.

Tengo que decir que me conmovió verla a la presidenta. A quién no. La vi quebrada emocionalmente. Y es normal que así sea. Y está bien que así sea, porque de vez en cuando es bueno recordar que quienes nos gobiernan son seres humanos y no todopoderosos perfectos e inescrupulosos. Me hubiera preocupado a que la presidenta no se le cayera una lágrima y que por momentos no se quebrara. Es una buena señal, parece una persona sensible y no una cara inmutable como la de Videla y Galtieri.

Pero protocolo obliga, la presidenta se vio obligada a dar una muestra de fortaleza, porque el sentido común de nuestra cultura indica que una persona dolorida no es capaz de tomar las decisiones friamente. Encima, en una sociedad aun machista, donde el lagrimear es tan catalogado de femenino, lo inmutable es una muestra de lo masculino, de lo "macho", de aguante, de corage. Y me compadezco de la presidenta porque me parece que le fue un poco incómoda la puesta en escena. El mensaje no fue para catarsis, estuvieron los agradecimientos (ellos sí que deben estar), pero la necesidad de mostrar una imagen de entereza que parte de la sociedad exige. En esto último es donde no estoy de acuerdo con las demandas de los espectadores.

En su discurso, Cristina Kirchner no pudo disimular su afección sentimental por la muerte de su marido. Pero quiso mostrar, que una cosa es el dolor, y otra las dificultades.  Así separando de manera relativa esos dos términos, el "dolor" por un lado, y el de la "dificultad" por el otro, la presidenta de la Nación hizo de su mensaje una muestra de que la muerte de su compañero no la afectará a la hora de tomar decisiones. Ello no es otra cosa que la separación de racionalidad y sentimiento.

Yo no espero a que la presidenta se reponga inmediatamente de lo que le pasó. Por el contrario, creo que la senbilidad moviliza y que es un buen momento para pedirle a la presidenta y demandarle por un país mejor. Y no es a Néstor Kirchner a quien quiero recordar en esta nota. Pienso en Mariano Ferreyra, en las madres del dolor a quien deseo que la sensibilidad presidencial los toque e ilumine como a todos nosotros.

Eduardo Marcos Bobbio.

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