jueves, 9 de septiembre de 2010

Ha muerto otro joven: carta de lectores de Andrés Penachino

Han asesinado a Nicolás Alberto Arroyo, un joven de 20 años, quien estudiaba en la Universidad Nacional de La Matanza (UNLM) y vivía junto a su familia en Ituzaingó.

La sociedad ha perdido otro integrante más y como tal, estamos dolidos. 

Ha muerto a manos de delincuentes que no dejan de aumentar en número, audacia y agresión. 
 
Que la tragedia de Nicolas nos sirva de ejemplo para entender que la violencia nos afecta a todos, en todo momento y en el lugar menos esperado. 
 
El crimen ya no discrimina entre ricos o pobres, civiles o militares, policías o gendarmes, blancos o morochos, peronistas o radicales, simpatizantes de River o de Boca. Todos estamos expuestos a la violencia criminal.
 
Como podemos dejar que una minoría violenta mantenga aterrorizada a toda una sociedad. Como puede ser que nuestros hijos no puedan salir a la calle sin arriesgar  su existencia en el intento.
El "no te metas" hoy es la doctrina de nuestra población, y en tanto y en cuanto no abandonemos esa actitud, la delincuencia seguirá ocupando mas y más terreno dentro de nuestra geografía. Y seguiremos lamentando otros muertos.
 
Hay un viejo axioma militar que dice: enemigo que avanza tierra arrasada, enemigo que huye puente de plata. Hoy nuestra sociedad es la que esta en peligro. El enemigo es la delincuencia, y solo la comunidad toda debe quitarle el territorio que el delito usurpó. 
 
Hoy la calle se ha convertido en terreno liberado, liberado para la delincuencia. Cuando no existe un territorio liberado para el ciudadano común, cuando la geografía  pertenece en su totalidad a la delincuencia, la sociedad debe recuperarla, debe intervenir con los medios que cuenta en apoyo de sus fuerzas de seguridad.

Es la sociedad toda quien debe exigir a los gobernantes el combate contra la delincuencia. 
La responsabilidad no se delega, se asume. Y la responsabilidad de la población cuando esta en juego su propia supervivencia debe transformarse en actor y no un mero espectador y testigo crítico de la acción que cumplen otros para salvaguardar su seguridad. 
 
Si cada ciudadano se transformara en los ojos y oídos de las fuerzas de seguridad. Si se denunciara cada actividad sospechosa, cada corredor delictivo, sus aguantaderos, si se evitara la compra de algún producto ilícito, si se denunciara a los comerciantes que lucran con objetos robados. !Si existiera la solidaridad! la geografía volvería a ser de la sociedad y no del delito. Y no deberíamos lamentar la muerte de tantos ciudadanos de bien. 

No alcanzan las marchas para pedir justicia por nuestros muertos. No es necesario armarse y pretender ejercer legítima defensa. No es por el camino de los justicieros que resolveremos este asunto, porque este sendero conduce indefectiblemente a la Libanización de un conflicto que debe ser circunscripto al accionar policial y judicial. 

Todos nosotros tenemos las manos manchadas con sangre, la sangre de ciudadanos de bien como Nicolas que murieron absurdamente a manos de criminales despiadados e irracionales, simplemente porque seguimos permitiendo que delincuentes de todo tipo  transiten libremente por nuestra geografía.
 
¿Cuántos muertos más deberemos tener para comenzar a tomar conciencia que el crimen nos afecta a todos?
Todos estamos en peligro, en peligro de muerte.
Hay un conflicto social y resulta vital solucionarlo. Este conflicto no lo buscamos ni lo quisimos, pero todos tenemos él deber de involucrarnos en la solución del mismo. Y porque no lo buscamos ni lo quisimos,  lo vamos a ganar. !" Y LA VAMOS A GANAR "!.

Andres Penachino

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