Cartas de lectores: escribe Andrés Penacino sobre el tema de la pobreza
El tema de la pobreza reaparece en la sociedad moderna como marginalidad, generalmente asociada con ciertos espacios urbanos y rurales. La pobreza se suele definir como una situación de carencia de acceso a ciertos bienes y servicios o la imposibilidad de alcanzar un cierto nivel de ingresos. Sin embargo este concepto deja afuera la exclusión, cuyas consecuencias son aún peores que la pobreza misma.
Es te tema ha adquirido una renovada importancia en Argentina, sin embargo, la incapacidad del estado para superar dicha situación, desde la década del setenta, cuando comenzó a recrudecer la pobreza, fue por demás notoria.
Los débiles programas que procuraron remediar algunas manifestaciones de pobreza, ya sea en alimentación, salud, educación, vivienda o en trabajo, parcializaron la realidad del pobre, ya que el pobre no lo es en: salud, en educación o en trabajo, sino en todo ello simultáneamente.
La superación transitoria de alguna carencia aislada suele tener como consecuencia entonces un impacto menor y momentáneo sobre la condición de pobreza. El caso de los chicos hambrientos de Tucumán y Santiago del EstEro es un ejemplo válido de lo antes dicho.
No solo a través de un mayor ingreso por la facilitación de bienes y servicios que se supera la condición de pobreza: el pobre lo es además por un reconocimiento social como tal, por su débil inserción en el aparato institucional de la sociedad, por su baja estructuración organizativa, por su reducida capacidad para generar demandas orgánicas sobre el aparato estatal, etc. En esto consiste a grandes rasgos la exclusión.
Si bien varios son los factores darían explicación a este fenómeno, el más importante refiere a décadas de estancamiento, y las profundas transformaciones vividas como consecuencia del proceso de reestructuración económica, impactando sobre el empleo de una manera que no registra antecedentes.
La mayoría de los pobres son niños, la mayoría de los niños son pobres, es una frase que impacta porque los chicos no son el futuro sino el presente.
Si solo pensamos en estos chicos cuando sean adultos será demasiado tarde, porque muchos no llegarán a serlo y más allá de los alarmantes índices de mortalidad, por diversos factores, los chicos pobres lo saben y lo viven.
Se saben excluidos, mal alimentados, hacinados, expulsados del sistema educativo, sin ninguna posibilidad de ingreso al sistema laboral cada vez más chico y menos seguro.
Se saben marcados por el sistema, se saben violados, ultrajados, manoseados, independientemente de que estos hechos se hallan producido materialmente o no.
Ven que sus padres (cuando los tienen y cuando tienen trabajo), lo hacen en las peores condiciones, ganando un salario de hambre, los ven salir a buscar trabajo sin resultado, los ayudan de noche a revolver tachos de basura para procurarse, posiblemente el único sustento de ese día, los ven vencidos y sin fuerzas para luchar.
Las madres (cuando las tienen), trabajan fuera de casa todo el día como domesticas, costureras, y muchas veces como prostitutas.
La figura materna o paterna ya no es ideal para el niño, es reemplazada por aquel que consigue dinero fácil, el narcotraficante o el proxeneta que deambula el barrio buscando "materia prima".
La pobreza está sacrificando generaciones enteras y ello es como bien indicado "humanamente inaceptable" por cuando se están violando los derechos humanos más esenciales.
Alguien dijo alguna vez, "vivimos en un mundo prestado por nuestros hijos", por lo tanto ha llegado la hora de pensar, “que estamos haciendo para hipotecar de semejante forma el futuro de esos chicos.
La pobreza es una cuestión de estado que debe involucrar al gobierno nacional, provincial, y municipal e instar a la búsqueda articulada de una política social solidaria, eficiente y equitativa. Pero además la es un problema publico cuando se ha transformado en una condición social que afecta a millones de personas.
El combate contra la pobreza exige eliminar definitivamente sus causas y no solo resolver los problemas más urgentes. Si las soluciones siguen esperando un tiempo político, en poco tiempo encontraremos legiones de jóvenes sin trabajo, sin estudios, cargados de frustración y odio, y librados a su propia suerte, saliendo a buscar lo que ellos consideran sus propios espacios, que sin dudas son nuestros espacios. O sera que la pobreza tiene un olor muy peculiar que pocos políticos están dispuestos a olerla.
Andres Penachino
Es te tema ha adquirido una renovada importancia en Argentina, sin embargo, la incapacidad del estado para superar dicha situación, desde la década del setenta, cuando comenzó a recrudecer la pobreza, fue por demás notoria.
Los débiles programas que procuraron remediar algunas manifestaciones de pobreza, ya sea en alimentación, salud, educación, vivienda o en trabajo, parcializaron la realidad del pobre, ya que el pobre no lo es en: salud, en educación o en trabajo, sino en todo ello simultáneamente.
La superación transitoria de alguna carencia aislada suele tener como consecuencia entonces un impacto menor y momentáneo sobre la condición de pobreza. El caso de los chicos hambrientos de Tucumán y Santiago del EstEro es un ejemplo válido de lo antes dicho.
No solo a través de un mayor ingreso por la facilitación de bienes y servicios que se supera la condición de pobreza: el pobre lo es además por un reconocimiento social como tal, por su débil inserción en el aparato institucional de la sociedad, por su baja estructuración organizativa, por su reducida capacidad para generar demandas orgánicas sobre el aparato estatal, etc. En esto consiste a grandes rasgos la exclusión.
Si bien varios son los factores darían explicación a este fenómeno, el más importante refiere a décadas de estancamiento, y las profundas transformaciones vividas como consecuencia del proceso de reestructuración económica, impactando sobre el empleo de una manera que no registra antecedentes.
La mayoría de los pobres son niños, la mayoría de los niños son pobres, es una frase que impacta porque los chicos no son el futuro sino el presente.
Si solo pensamos en estos chicos cuando sean adultos será demasiado tarde, porque muchos no llegarán a serlo y más allá de los alarmantes índices de mortalidad, por diversos factores, los chicos pobres lo saben y lo viven.
Se saben excluidos, mal alimentados, hacinados, expulsados del sistema educativo, sin ninguna posibilidad de ingreso al sistema laboral cada vez más chico y menos seguro.
Se saben marcados por el sistema, se saben violados, ultrajados, manoseados, independientemente de que estos hechos se hallan producido materialmente o no.
Ven que sus padres (cuando los tienen y cuando tienen trabajo), lo hacen en las peores condiciones, ganando un salario de hambre, los ven salir a buscar trabajo sin resultado, los ayudan de noche a revolver tachos de basura para procurarse, posiblemente el único sustento de ese día, los ven vencidos y sin fuerzas para luchar.
Las madres (cuando las tienen), trabajan fuera de casa todo el día como domesticas, costureras, y muchas veces como prostitutas.
La figura materna o paterna ya no es ideal para el niño, es reemplazada por aquel que consigue dinero fácil, el narcotraficante o el proxeneta que deambula el barrio buscando "materia prima".
La pobreza está sacrificando generaciones enteras y ello es como bien indicado "humanamente inaceptable" por cuando se están violando los derechos humanos más esenciales.
Alguien dijo alguna vez, "vivimos en un mundo prestado por nuestros hijos", por lo tanto ha llegado la hora de pensar, “que estamos haciendo para hipotecar de semejante forma el futuro de esos chicos.
La pobreza es una cuestión de estado que debe involucrar al gobierno nacional, provincial, y municipal e instar a la búsqueda articulada de una política social solidaria, eficiente y equitativa. Pero además la es un problema publico cuando se ha transformado en una condición social que afecta a millones de personas.
El combate contra la pobreza exige eliminar definitivamente sus causas y no solo resolver los problemas más urgentes. Si las soluciones siguen esperando un tiempo político, en poco tiempo encontraremos legiones de jóvenes sin trabajo, sin estudios, cargados de frustración y odio, y librados a su propia suerte, saliendo a buscar lo que ellos consideran sus propios espacios, que sin dudas son nuestros espacios. O sera que la pobreza tiene un olor muy peculiar que pocos políticos están
Andres Penachino
Julio de 2010
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