Después de los goles y la clasificación Lobos vivió con efervescencia el pase a octavos de final
Por Eduardo Marcos Bobbio: Pericles fue el lugar elegido por LobosDIARIO para vivir lo que fue el por momentos angustiante partido que jugó la selección argentina de fútbol en la copa del mundo de Sudáfrica 2010. Allí, como en muchos otros lugares, la expectativa era mucha y la calidez del ambiente incomparable con mesas completas por jóvenes, adultos y chicos que fueron a vivir el cotejo en compañía de amigos, conocidos y sin la falta de la picadita, la cerveza o el café.
Como si se tratase de un país adentro de un bar, estábamos todos: los de River, los de Boca, los que hicieron fuerza para que entrara Palermo y los que después gritaron su gol. Hasta Huracán tuvo a su representante Nº 1 en Lobos (Simón, el dueño del bar claro). Todos éramos técnicos, hinchas y hasta jugadores, porque, cuando la pelota no entraba, la sufríamos todos y hasta nos agitábamos, saltábamos y patéabamos las sillas cuando las cosas se daban de una manera u otra.
Lo demás, es pura anécdota, aunque, vale decir, el partido fue como para comerse las uñas. Un primer tiempo que fue chato y un segundo con un equipo argentino jugando mejor, aunque quizás no goleando como muchos imaginaban. Es que en el fútbol, como en la vida, no hay que subestimar a lo oponentes: Grecia hizo un buen planteo y su técnico alemán paró una férrea defensa, impenetable, casi. De no ser porque sus jugadores no tienen el dominio de balón que tienen los nuestros, quizás hubiésemos tenido algunas complicaciones mayores.
Hubo chances en el segundo tiempo, claro, porque fue justamente ahí donde Argentina hizo todo para merecer la victoria. A Messi, el palo le negó el gol que tanto viene buscando, sumado a otras chances que no se estrellaron en la red. Pero el que busca encuentra, y, Demichelis encontró en un rebote su primer grito mundialista, uno que le vino como anillo al dedo para enmendar el error que tuvo en el partido anterior frente a Corea y que sin embargo en nada opacó la mayor goleada obtenida hasta ahora.
Fueron tres cuartos del tiempo total donde lo que se quería no se daba, pero la efervescencia contenida ante tantos nervios se desató con el gol. Lo de Palermo fue otra historia aparte. Lo aplaudieron un par de los que estaban en la mesa de Pericles (los más boquenses claro) y lo vitoreamos todos cuando convirtió y así la alegría se apoderó de cada uno de los corazones que salieron a la calle.
Como en los días anteriores, el lugar de reunión fue la plaza 1810, en la esquina de 9 de julio y Buenos Aires. La felicidad estalló y la alegría se contagió: Argentina había ganado y obtuvo el boleto a la próxima ronda de la copa mundial, los octavos de final. El domingo es contra México y otra vez Pericles vuelve a invitar a los hinchas de la celeste y blanca.

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