La editorial "cien kilómetros" presenta dos libros
Uno se dará a conocer hoy al público, en tanto que el otro hará lo propio mañana. Hablamos de las publicaciones de Francisco Yannarella y de Mariano Contrera respectivamente, ambos adelantados en exclusiva por LobosDIARIO hace unos meses atrás cuando aun ni siquiera habían llegado a la imprenta.
El de Yannarella, como ustedes saben, trata sobre el pasado de Lobos que es anterior al establecimiento de su población y llegada de los españoles. Una aporte fundamental para terminar de esclarecer el origen del principio de nuestra historia. Para este ejemplar, la cita será hoy a las 20 hs.
En tanto, en la Casa de la Cultura de Lobos, el joven Mariano Contrera sacará a la luz su primer publicación: "La idea Fija." La cita, será a las 18 hs. Aquí, y gracias al aporte de la gente de la Casa de la Cultura les ofrecemos a su consideración una de las tantas producciones que podremos leer próximamente en el libro de Contrera tras el salto.
Era una mañana de invierno horrible, gris y llovisnosa, muy melancólica. Miraba una y otra vez la hora en mi reloj. Ya comenzaba a desesperarme al ver que la extensa fila de Depósitos no avanzaba. Hacía cerca de una hora que estaba haciendo la cola en el abarrotado banco provincia. A lo lejos lo me pareció verlo a Fabián, como no estaba seguro de si era él, preferí no hacer el ridículo de saludar a alguien equivocado. Hacia años no veía, como a muchos otros compañeros de secundario. Finalmente, llegó el momento de pagar las facturas y nos cruzamos en la salida. Nos saludamos afectuosamente y me invitó a tomar un café para ponernos al día. Yo estaba de franco en el trabajo, así que no tenia nada mejor que hacer. Me llamó la atención una bolsita roja de Caro Cuore que llevaba, con una tarjetita atada al moño. Era obvio que había comprado un regalo en un local de lencería, y no le avergonzaba para nada que la gente lo notara. ¿Siempre de novio con Cami vos? No había terminado la pregunta cuando ya comencé a arrepentirme de haberla hecho. Hizo un gesto extraño con su rostro que me lo dijo todo. La muesca de su rostro me dio un claro indicio de cual iba a ser la respuesta. Camila era otra ex compañera nuestra, y ellos eran la parejita del curso. Siempre andaban juntos para todos lados. Él iba a ver sus partidos de Cestoball, y ella lo acompañaba a los ensayos de la banda. La última vez que los vi fue en Bariloche, y casi no salían de la habitación del hotel. Eran divinos, el uno para el otro, juntos como culo y calzón.
“Hace dos años cortamos, pero ya lo superé. Ahora estoy bien.” Comenzó a contarme como habían ido alejándose, como después de los tres años de novio la cosa no era la misma. El hecho de estar casi todo el día juntos terminó pudriéndolos a los dos.
Camila era una chica gordita, bastante caderona pero de buenas proporciones. Tenía un rostro angelical que ocultaba su carácter fuerte y decidido. Ojitos pequeños color caramelo y unas cuantas pecas bellamente distribuidas en su respingada nariz, conformaban una carita de nena muy excitante. Peinaba su sedoso pelo oscuro con raya al costado, dejando que un mechón caiga graciosamente del lado opuesto. El peinado enmarcaba dulcemente su rostro, ocultando que era un poquito cachetona. Era una rellenita preciosa y muy sexy. Tenía un aspecto muy dulce, pero había algo en ella que la hacía excitante. Tal vez la forma en que hablaba, lenta y suavemente arrastrando levemente las palabras. O talvez era su extraña mirada, avasallante y devoradora.
Empezó a relatarme como había sucedido todo. Me dijo que una tarde de primavera ella le dijo sutilmente que la relación había llegado a su fin.
“¡No quiero verte mas! rajá de acá, ya no te soporto. Esto no da para más. Sos un plomazo”
Camila era hija única y vivía todavía con su madre. Afortunadamente la vieja era copada, y tenía una muy buena onda. No molestaba para nada. Se llamaba Ester, estaba separada hacia varios años y debía trabajar doble turno en el colegio para mantener a su hija. Maestra de cuarto grado turno tarde y mañana, por lo que era poco el tiempo que pasaba en su vivienda. Era una mujer jovial, siempre cordial, y de buen humor a pesar de una jornada laboral agotadora. La quería muchísimo, era como una segunda madre para él. Muchas veces tomaban mate juntos, y se cagaban de risa. Se parecían mucho físicamente con Camila. Los mismos gestos y las mismas curvas, pero Ester era mucho más simpática y bondadosa. Era una señora espectacular. Por suerte esa tarde no estaba presente. No le hubiera gustado presenciar el momento en que su hija lo echaba.
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