viernes, 5 de marzo de 2010

Las contras que tiene ser un empleado del estado

Contrariamente a lo que pueda parecer, el camino de los que transitan el trabajo estatal no es tan sencillo como gran parte de la sociedad imagina: existe una enorme desigualdad salarial segun el ámbito donde se esté. Siempre existe esa idea de que el trabajo estatal a diferencia del privado es más seguro, ya que mientras una empresa quiebra y deja a sus empleados en la calle se supone que el estado no lo hace. No obstante, en este mundo aparte laboral existen muchas situaciones de injusticia social.

Está claro que no es lo mismo el sueldo de un asesor, profesional, político, diputado etc. que el de un empleado de un hospital, educador o auxiliar. Y lo mismo con las condiciones de trabajo: no gozan de la mima situación quienes se encuentran en situación de planta permanente que en régimen de contrato, los que después de muchos años pueden ser prescindibles sin derecho alguno a indemnización.

El siempre controvertido mito del tema de los sueldos: ¿cuánto cobra un empleado del estado?

Contrariamente a lo que se pueda suponer, el salario básico del estado no es precisamente la suma que se dice que se suele cobrar: en realidad gran parte de los empleados públicos apenas tiene un sueldo de menos de mil pesos. A esa suma se la conoce en el ámbito como básico, que es el sueldo por el cual el estado computa los aportes jubilatorios. Es decir que, con un sueldo de 800 pesos de básico, el estado paga los aportes correspondientes por un salario de 800 pesos y no por la totalidad de haberes que se supone se cobran de bolsillos. Así de los casi 1500 pesos de salario, un poco más de la mitad pertenece sólo al sueldo, mientras que el resto es una suma de dinero en "negro."

El tema de las jubilaciones
Pensemos sobre ese básico que no suele llegar a los mil pesos es que las jubilaciones se ajustan. Normalmente, un ex trabajador estatal no cobra lo mismo que cuando trabajaba sino un porcentaje determinado sobre el básico.

El "mito" de la estabilidad laboral

Otro de los mitos del trabajo estatal es el de la supuesta estabilidad que cuentan los empleados de la administración pública. Contrariamente a lo que se cree, el trabajador estatal que recién se inicia no tiene una relación con el estamento empleador que se caracterice por la estabilidad en las funciones. De hecho, la mayoría ingresan bajo un régimen de contrato en el cual entran trabajando por un año y al término de este deben esperar que dicho contrato sea renovado. Hay empleados que superan la década de trabajo y deben esperar que cada fin de año no venga con mala noticia de quedarse afuera de su trabajo.

Lo preocupante del asunto es que, en algunos casos, la relación contractual del empleo público se ve afectada por cuestiones políticas: así han habido casos donde hubo empleados a los que directamente no se renueva el contrato si estos no se encuentran alineados a sus superiores. Imaginemos lo que pasa con empleados que durante años enteros de su vida se han capacitado para hacer lo que hacen y que de un día para otro se quedan en la calle y sin que esa experiencia laboral le sirva para otra tarea calificada.

Una situación similar se presenta en la docencia aunque sin los ribetes políticos en cuestión. Ni bien toman horas, los profesores y maestros no quedan efectivos en los cargos ya que, para hacerlo, en muchos casos deben esperar una gran cantidad de años. Mientras tanto, las designaciones con caracter provisional abundan y año tras año los propios docentes deben competir entre sí por un limitado número de puestos o cargos de los que corren el riesgo de verse desplazados por otros docentes que se encuentran más arriba en los listados de órdenes de mérito para las designaciones.

En este caso, los docentes integran un listado en el que cada uno cuenta con un puntaje determinado, el cual, se compone de una serie de sumas de ítems como el título con que se recibieron, la antigüedad con que se encuentran ejerciendo, ya sea de manera provisional o titular, y los cursos de perfeccionamiento que estos realizan. Y sobre esto último un aspecto para destacar dado que la mayoría de los cursos de perfeccionamiento docentes (más allá del mero título) necesarios para subir posiciones en los listados son pagos. De esta manera, del sueldo que los docentes cobran, se debe tener en cuenta que muchos deben destinar sumas del mismo para costearse aquellos cursos que dan puntaje docente. Se suele decir que un docente para obtener los diez puntos bonificantes de cursos de perfeccionamiento gastan sumas cercanas y/o superiores a los tres mil pesos. Curiosamente, el estado, que es quien debería garantizar la igualdad de condiciones para el acceso a sus puestos laborales ofrece muy pocos cursos -cuando no, ninguno- de perfeccionamiento con puntaje aunque es quien otorga a los institutos privados el puntaje de dichos cursos.

También el tema del doble cargo es otra de las cuestiones ya que al estado le conviene que exista personal con doble cargo a fin de ahorrar en parte de sus cargas sociales. Esto, conspirando contra una buena remuneración por una sola función que es lo que se supone que debería ser.

Diferentes escalas salariales para los mismos trabajos en diferentes lugares

Una situación curiosa es la que se da en los municipios de la provincia de Buenos Aires: aunque los empleados estatales suelen hacer en muchos casos las mismas tareas, lo cierto es que, de acuerdo en el municipio en que un empleado trabaje, los salarios pueden variar en remuneración. Curiosamente, un derecho humano básico -además del lógico derecho al trabajo- es que a igual trabajo, igual remuneración: la provincia de Buenos Aires no tiene así una escala salarial unificada que equipare en sueldo a quienes realizan la misma tarea pero en diferentes lugares.

Lo irreal de los aumentos de sueldos

Hablar de aumentos de sueldos en un contexto de inflación es una expresión errónea que acuñan de manera equivocada muchos de los sindicatos. En un contexto de inflación que ronda el 20 % según estimaciones privadas, un eventual aumento de sueldo de un 20 % resulta cuando menos  una actualización salarial. Es decir que, por más que se cobre una mayor cantidad de dinero, en todo caso el poder adquisitivo apenas se mantiene y no hay tal aumento. Una cosa es el aumento nominal de un sueldo, y otra muy diferente el aumento "real". Está claro que este último no existe.

Como si todo esto fuera poco, a diferencia de un asalariado, quien tiene su propio negocio tiene en cambio la posibilidad de actualizar aquello que vende u oferta (sea producto o servicio) de forma periódica. Este año, en cambio, los docentes, por citar un ejemplo, arreglaron con el gobierno su sueldo por el término de un año en un determinado porcentaje. Si en el transcurso del año la inflación supera el aumento de salario arreglado por los maestros, nos encontraremos que, en realidad los docentes habrán visto perdido su poder adquisitivo.
 Así, en vez de haber negociado un aumento de sueldo, los docentes habrán negociado una eventual rebaja de sus salarios.

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