Reflexiones: de contradicciones y otras yerbas
"El misterio es contradicción" nos dice una canción de Gustavo Cerati. Y vaya si lo es en este país de las contradicciones. Realmente hay muchas cosas que son contradictorias como muestra de la falta de coherencia de muchos de nosotros.
Macri y su policía de la ciudad
A propósito de todo esto que viene sucediendo ultimamente, me sorprendió enormemente ver cómo en simultáneo los noticieros mostraban la desafortunada muerte de un abogado de 28 años (mi misma edad debo confesarles, aunque, haya algunos que digan que tengo más) y por el otro lado mostraban cuáles las funciones de la Policía de la ciudad de Buenos Aires.
A todo esto, me empezaba a preguntar si Mauricio Macri y sus secuaces estaban totalmente locos o simplemente van a buscar los problemas a otra parte. Concretamente a lo que me refiero es al hecho de que la nueva "policía" metropolitana tendrá entre sus funciones evitar los piquetes. De inmediato, pensé: es cierto que las marchas entorpecen a muchos el derecho a la circulación y a trabajar. Pero, por otro lado me pregunté qué era peor: si morir a sangre fría o que alguien corte una calle bajo un determinado lema de protesta.
Y de inmediato fue que encontré la respuesta: según Mauricio Macri y compañía debe ser peor cortar una calle que matar a una persona. Y es que otra respuesta no se encuentra por más que me digan que la muerte del abogado de 28 años murió en provincia y los cortes se dan en capital. Es que escuchamos tanto de hablar de prevención, que pareciera que en capital el único peligro está en los que hacen marchas.
Pero claro, Macri es siempre un genio, y tal vez la respuesta más factible sea que a lo mejor esto de las dos policías le venga como anillo al dedo: quizás necesite una policía a la cual echarle la culpa ante hechos similares que puedan suceder en capital como el que sucedió en provincia con el joven abogado. Y la otra fuerza, en cambio, será, seguramente, para convencer a los demás de que él es el que realmente sabe.
Justicia para todos
Si alguna vez escuché la frase de la justicia y la contrasté con la realidad, evidentemente habría seguido encontrando contradicciones. Y es que durante tanto tiempo quienes hablaban y siguen hablando tanto de seguridad eran los que siempre apoyaron a las derechas como las Patti, Menem y otros tantos que siendo discípulos de la década del 90 ahora se niegan a cobrar su herencia de costos políticos.
Porque aquellos que en algún momento propusieron el perdón a quienes a su cargo tenían la misión de obedecer a la democracia y no lo hacían son hoy los mismos que piden la llamada mano dura contra los delinquen.
Me pregunto si con el mismo derecho que tienen los militares golpistas de quedarse ¿presos? en sus casas y decir que se deba olvidar el pasado no se debería también olvidar a todos los que mataron, violaron y asesinaron durante todo este último tiempo y hacer como que la inseguridad no existe.
No entiendo por qué a uno (es decir este periodista mismo) lo tratan de facho cuando simplemente quiere que esos menores que andan desde temprano matando como si todavía no conociesen el valor de la vida simplemente no anden sueltos por la calle. Y que no anden sueltos por la calle no implica que se los deba someter a condiciones inhumanas e inmundas en una cárcel, sino que se lo trate de hacer reflexionar sobre lo que hizo sin denigrar su condición humana que igualmente la sociedad niega. Porque al igual que muchos de ustedes estoy de acuerdo con eso de que la desigualdad genera resentimiento, y seguramente parte de esa negación que la sociedad tiene hacia las clases más bajas es lo que genera esta violencia que vivimos.
Que Dios lo bendiga
Un nene pequeño el otro día descalzo arriba del tren pedía monedas. Su condición era realmente lamentable. -Que Dios lo bendiga-, me dijo en el momento que ponía sobre mano un billete de dos pesos. El nene seguía por los asientos y repetía su deseo a cuanta persona le convidara las monedas cuyo destino esperable era un plato de comida: -Vos necesitás la bendición de Dios más que yo- fue lo único que se me ocurrió decirle.
Me pregunto desde cuándo maleducamos tanto a los pobres para enseñarles desearnos prosperidad a nosotros.
Eduardo Marcos Bobbio
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