CUANDO DECIR GRACIAS ENCIERRA TANTO: Carta de agradecimiento del Colega Carlos Jáuregui
Solemos pasar la vida corriendo, apurados, sin detenernos a reflexionar cuando más lo necesitamos, atropellándolo todo, sin tomarnos la pausa tan provechosa.
Y cuando la misma vida nos pone ante situaciones límites, especialmente en nuestra respuesta física, entonces necesariamente ponemos el freno, y ahí sí comprendemos qué equivocados estábamos viviendo, con tanto apuro desmedido.
El domingo 19 de julio pasado la vida me hizo un llamado de atención. Una insuficiencia cardíaca que ya se había manifestado en mí hace años (un leve bloqueo de rama izquierda) hizo un episodio (aclaro antes que nada que NO SE TRATO DE UN INFARTO) que obligó primero a una internación local y enseguida a una derivación a la Fundación Favarolo donde tras un diagnóstico preciso, se resolvió colocarme un marcapasos definitivo para controlar una arritmia crónica.
Hoy, de regreso en mi casa y dando los pasos moderados que la situación exige para volver a la actividad; siento la enorme necesidad de decir GRACIAS, un gracias tan grande que pueda abrazar a todos los que de una u otra forma, me hicieron sentir que significo algo para ellos.
GRACIAS, de todo corazón:
En primerísimo lugar a Dios y mi amada Virgencita de Luján, que me tomaron fuertemente de la mano para llevarme por un camino seguro afrontando esta situación terrenal.
A mi familia, a Araceli y Nadia que no me dejaron un instante y que me sostuvieron en lo anímico y espiritual a partir del amor que me tienen. Quiero sumar aquí a Leandro que desde el mismo momento del episodio fue uno más de la familia, como lo sentimos. Y también a mi papá, a mi hermano Luis y a Ana, a quienes siempre sentí a mi lado, sin distancia alguna.
A los doctores Juan Emilio y Juan Pablo Manganiello, mis cardiólogos pero al mismo tiempo sangre de mi sangre, que actuaron con la premura del caso y no dudaron en solicitar la derivación apenas tuvieron un primer indicio de lo que pasaba.
A OSDE Lobos, a toda su gente, sin excepciones. Porque me ratificaron una vez más, que fue un pleno acierto haber elegido esa cobertura social que a veces nos parece un costo demasiado pesado, pero que cuando se presentan estas situaciones comprobamos que la eficiencia, rapidez y garantía tienen un valor que va mucho más allá de cualquier monto de dinero. Me vuelvo a sentir orgulloso de ser parte de OSDE.
A todo el personal de Terapia Intensiva del Sanatorio Lobos que estaba trabajando ese domingo, y que me brindaron una atención de primera, incluyendo al Dr. Bertazzo y a mi primo Sergio.
A Socorro Emergencias Médicas, a la doctora y el personal, que acudieron cuando los llamamos esa mañana y también esa primera evaluación fue clave para dar con el problema.
A la gente de IMED de Cañuelas, que fueron convocados por OSDE para realizar el traslado a Capital y que lo hicieron con un profesionalismo y una calidez enormes, haciéndome sentir muy acompañado en ese trance cuando yo iba a un destino que no sabía lo que me depararía.
A mis compañeros de trabajo en Canal 4, en el Periódico Lobos y en Radio Lobos, por la preocupación desde el primer momento y por cubrirme las espaldas como siempre lo han hecho, pero ahora además con el sentimiento que me hicieron sentir y que invalorable.
A todos mis colegas del periodismo lobense, por estar pendientes de mi estado de salud y, más allá de la información, hacerme sentir el afecto y cariño sinceros.
A la FUNDACION FAVALORO, a los médicos del piso sexto, enfermeros, mucamos, personal todo, por el trato humanitario y cálido que me brindaron en todo momento, por estar tan pendientes de mí en estos cinco días, por no descuidarme un instante y por ser tan profesionales, haciendo honor al legado que dejó ese ser humano inigualable, ese gigante de la historia argentina al que no fuimos capaces de contener, lamentablemente. De manera particular, al Dr. Hugo Fraguas, el cardiocirujano que me colocó el marcapasos con una capacidad y una calidad humana formidables.
A mis “hermanos” del alma de todos los momentos: Celina, Jorge, Alcides, Poroto, Eduardo, Daniel, Andrés; a toda la Comisión Fiesta del Día del Niño, a Chucho, al Negro; por la disposición inmediata para lo que fuera necesario. Agrego aquí, y ellos saben -como yo- porqué, a Cacho Jorge, a Osvaldo Di Santo y al Dr. Guillermo Mastropietro.
A Cacho Carnuccio, mi compañero de habitación desde el domingo al jueves 23. El, recién operado del corazón y necesitando también un marcapasos, fue el permanente respaldo anímico para mí allí en Favaloro cuando no era el horario de visita, y tuve además la fortuna de conocer a su esposa, hijos y otros familiares, que a mí y a mi familia nos hicieron sentir conocidos de mucho tiempo.
A los padres Roberto, Javier y Walter por su preocupación y oración permanentes; a la comunidad de San Vicente Pallotti que oró por mí en la misa dominical, y al Padre Luis Mena y comunidad de Carmen de Areco que también se unió en oración.
A TODOS y cada uno de los que en estos días me enviaron mensajes, me llamaron al celular, llamaron a mi casa, hablaron con Araceli o Nadia, con mi papá, con Canal 4, que dejaron un mensaje en el contestador de casa, que estuvieron en todo momento pendiente de mi evolución. Sinceramente les aseguro a TODOS, que nadie se sienta excluído, que fue ese el combustible más potente para hacer frente a este trance. Me han hecho sentir querido, y eso, para mí, es lo principal que puede exhibir un ser humano, no lo cambio por toda la fortuna de mil millonarios juntos.
Dios me hizo un llamado de atención para que tome conciencia que debo “bajar un cambio” como todos me aconsejan. Pero qué lindo es poder hoy, ya en casa y con ganas de volver al ruedo; decir GRACIAS con tanto sentimiento, devolviendo solo en parte todo lo que me brindaron en estos días con cada gesto, con cada palabra, con cada oración.
A todos los llevo para siempre en mi "corazón reforzado."
Lobos, 25 de julio de 2009
Carlos Antonio Jáuregui
DNI 13948629
N de R: Es una alegría para nosotros que todo pueda haber sido superado de la mejor manera. Nos alegramos por ello.
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