jueves, 21 de mayo de 2009

La diputada Laura Berardo recorrió en campaña el asentamiento de okupas de la estación de Empalme

Las luces amarillentas apenas iluminan la noche empalmeña en el asentamiento de la estación de ferrocarriles, donde la noche parece ser másoscura aun. Las sombras, aun más opacas que la noche misma delinean un paisaje diferente al que encontró este cronista en aquella oportunidad en que hiciéramos el informe sobre quienes viven en las abandonadas instalaciones del predio del ferrocarril en Empalme.

El alboroto de la gente en la ausencia de alumnbrado los hace ver a los habitantes del lugar como verdaderos fantasmas olvidados en la noche. De repente, un contingente de extraños se acerca. "¿Era la mujer esa importante de la política que iba a venir?", nos preguntaba con algo de expetactiva una mujer un poco mayor. A pesar de las promesas y promesas que flotan en el lugar, la esperanza -creo haber dicho antes- es un camino obligado, una condena para ser más precisos, para los okupas de la estación.

Allí, don Barragán vuelve a repetir una vez más la historia que ya se conoce desde la primera letra hasta la última: "trabajaba en la época de Erriest en la municipalidad y al descubrirse que tenía una enfermedad no me renovaron el contrato dejándome en la calle", decía de memoria. Su mujer, lo intenta ayudar acotando lo que puede. La diputada escucha atenta, y explica los pormenores de los trámites mientras el hombre sigue comentando los inconvenientes y trabas que debe afrontar en las oficinas cuando puede ir. Reconoce sin embargo que el "Pluma" Diéguez lo ayuda bastante con algunos bolsones de comida con los que trata de ir zafándola, mientras otro poco se lo da la municipalidad. Y en medio de todo ello la ilusión ya conocida: la de poder acceder a una de las casas del Plan Federal.



La diputada sigue escuchando y da algunas sugerencias en otra de las casas: "¿no se han organizado y han hecho un botiquín comunitario? Nosotros tenemos experiencias de este tipo", señala con un tono de voz siempre seguro y decidido. De fondo, la música de cumbia y reguetón se hacía escuchar con alguna otra gente cantanto. Tal vez la música sea aquí el único sorbo de felicidad de una vida desdichada. La diputada Berardo pasó y siguió hacia otros barrios... Las soluciones seguirán esperando: vaya uno a saber por cuanto tiempo más.

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