Otras voces sobre Malvinas: la de los hijos de los ex combatientes
Hace poco tiempo habíamos hecho un breve editorial sobre la situación social de los ex combatientes de Malvinas. En el mismo, desde nuestra humilde posición habíamos intentado reflexionar sobre cierta indiferencia en la sociedad que existe para con ellos. También, el hecho del tema de los suicidios, de su heroísmo, al hablar de su entrega total para con nuestro país, independientemente del aberrante e inhumano gobierno que los mandó a combatir.
Quizás, algunos de nuestro lectores digan que la fecha de conmemoración de Malvinas ya pasó, que la actualidad informativa nos obliga tácitamente a hablar de otras fechas, eventos... Pero justamente, entendemos que el reconocimiento a los ex combatientes debe ser no sólo en una fecha particular del año, sino todos los días.
Por ello, aprovechando esta oportunidad, queríamos aprovechar un discurso que alguien (muy gentilmente nos pasó) y que nos puede ayudar a pensar a muchos. Se trata de unas palabras simplemente, pero no dudamos que son de esas que salen del corazón mucho más allá de lo que en cualquier artículo podamos decir. Hasta ahora siempre habíamos escuchado a los ex combatientes hablar de ellos mismos. Pero hoy, es una oportunidad especial... La de escuchar a la una hija de un ex combatiente:
"Cuando se declaró la guerra yo no era nacida, considerando que hoy tengo 20 años.
Todo lo que sé es porque lo estudié en la escuela o porque me lo contaron.
A pesar de ser mi papá un veterano, es poco lo que me a podido contar, mientras que muchos conocimientos me fueron transmitidos por mi abuela; me mostraba revistas de la época haciéndome notar todas las mentiras que en ellas se decían, como por ejemplo que nuestros soldados comían muy bien y que iban a volver más gorditos, o que íbamos ganando la guerra. Mentiras que sirvieron para engañar a la gente que en realidad no tomaba conciencia de lo que estaba ocurriendo.
Mientras mi papá y los demás soldados se debatían entre la vida y la muerte, en el país se iba a bailar, se miraban los partidos de fútbol o se iba a las carreras, en pocas palabras la vida transcurría normalmente como si la guerra se estuviera desarrollando en el otro lado del mundo.
Así sentí la Gesta de Malvinas, como algo ajeno, hasta que cumplí los 18 años. Al llegar a la mayoría de edad me creía grande, adulta, pero algo se desató en mi interior, de pronto me pregunté si yo, con mis 18 años, podía enfrentar todo eso que habían enfrentado aquellos soldados: el miedo, la desesperación, la incertidumbre, la soledad, la muerte: me respondí que no.
No estaba preparada para eso, como creo que tampoco ellos lo estaban. Observe la juventud, comparé y supe que aquellos chicos de 1.982 habían sido, obligados a alcanzar la madurez en tan temprana edad.
Al final de la guerra, 649 Héroes quedaron cuidando las Islas, sin posibilidades de ser visitados por sus familias, sin una oración, sin una flor. Cuatro de ellos son hijos de lobos, Juan Domingo Rodríguez, Jorge Luis Bordón, Horacio José Echave y Sergio Omar Azcárate.
Los soldados que volvieron lo hicieron firmando un pacto de silencio, casi como si el gobierno quisiera ocultarlos por la vergüenza de haber perdido la guerra.
Más que una guerra, perdieron su juventud y en muchos casos, hasta su salud física y mental. A causa de la depresión o por traumas que no lograron superar luego del enfrentamiento, para muchos excombatientes los años de la postguerra fueron tanto o más duros que los 74 días de combate.
Muchos de ellos también sufrieron por la discriminación social y laboral. Cabe destacar que los casos de suicidios llegan a 350, cifras que superan los 326 caídos en suelo malvinense.
Estos suicidios se deben al desamparo y a la indiferencia política y social.
Otros fueron más afortunados y al momento de estar al borde del abismo fueron rescatados por sus familias, que los sostuvieron y los siguen sosteniendo para que no caigan e intenten sobrellevar un trauma que no podrán olvidar ni superar jamás.
Trauma del cuál los excombatientes hablan solo entre ellos, formando una especie de grupo exclusivo en el que solo esta permitida la entrada a los veteranos y padres de caídos, excluyendo al resto de la sociedad.
Solo ellos saben lo que vivieron, no les reclamemos o juzguemos sus silencios o sus revelaciones después de tantos años.
No consideremos esto como una historia más.
Tenemos a nuestros Próceres hoy y acá con nosotros. Que mejor que aprender la historia desde el vivo, que mejor reconocimiento que honrarlos día a día y no solo el 2 de Abril.
Que no haya sido en vano, que reciban la ayuda que merecen.
Las críticas de la opinión pública con respecto a las pensiones duelen, por que abren heridas nunca cicatrizadas, cada veterano vive u infierno interior que el dinero no puede sanar.
De qué sirve el dinero cuando se termina internado en un instituto psiquiátrico o se concluye en un suicidio con es el caso de otro hijo de Lobos, Hugo Bardi.
LA HISTORIA HACE A LOS PUEBLOS, Y ELLOS SON NUESTRA HISTORIA, TENGÁMOSLO PRESENTE."
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