lunes, 27 de abril de 2009

La voz de los lectores: la mayoría no cree que bajar la edad de imputabilidad ayude a bajar la cantidad de menores que delinquen

En una nueva expresión de participación, lectores de LobosDiario manifestaron su parecer sobre la posibilidad de bajar la edad de imputabilidad en los menores. A nuestro costado se ven los resultados de la encuesta y los porcentajes de la misma quedando en claro que las leyes que se impulsan no ayudarán a bajar, de acuerdo con nuestros lectores, la cantidad de menores que delinquen.

Casi el 70% se manifestó en ese sentido, y dentro de ese grupo están también aquellos que creen que, por el contrario, estas leyes pueden agravar el problema.

Una editorial sobre el tema

Tal como lo dijimos, LobosDiario también iba a manifestar su línea editorial sobre este tema. No necesariamente para tomar posición (aunque en parte lo haremos claro está), sino también para plantear las paradojas que este tema tiene.

Lo primero que parece estar claro es que para la mayoría de los crímenes comunes, un menor no se encuentra en la misma situación que un adulto. Sacando de lado el tema de los homicidios, violeaciones y hechos violentos, la delincuencia juvenil tiene para nosotros características diferentes porque, quienes cometen estos actos, tienen estados de madurez diferentes.

En todo caso, si tenemos en cuenta que la adolescencia es una etapa donde los sujetos van conformando su personalidad, con importantes dosis de ensayos, errores, frustraciones, experimentaciones y demás, vemos que en la actualidad existe un entorno social que condiciona a nuestros jóvenes.

Mucho más se da esto cuando de desigualdad social se habla, cuando en la adolescencia muchos de nuestros chicos experimentan la falta de un modelo de personalidad a seguir por diferentes problemáticas o por aquellos bienes que no puede poseer, pero que sin embargo la sociedad de consumo le impone en su psicología. A estos jóvenes, como lo sugiere el reconocido psicólo Ignacio Lewcowickz, se los podría conocer con el nombre de los "sujetos de la devastación."

Y como la devastación deviene en frustación, encontraremos una buena cantidad de jóvenes que poco a poco descubren que la sociedad no termina siendo un territorio fecundo que les permita ser y hacer (o en el mejor de los casos le dé posibilidades) lo que efectivamente les gustaría ser.

Asimismo, si bien la edad y la fecha de cumpleaños de un menor cambia de un día para otro, es de señalar que la maduración de un adolescente hacia su etapa adulta es gradual y en su desarrollo tiene ciertos matices. Por cierto, estos matices no son reconocidos por la ley. Así, un menor a escasas horas de cumplir 18 años, pero que tiene 17, no debería ser condenado, y en cambio, si ese delito se comete unas horas después, ya se ve sometido a otro régimen legal totalmente diferente.

De tal forma, es que entendemos que la Ley debería contemplar esta cuestión gradual del proceso madurativo y especificar la necesidad de evaluar los casos de delincuencia juvenil y su posible imputación con una nueva Ley que establezca la existencia de casos particulares en vez de generalizar a todos los jóvenes totalizando experiencias totalmente disímiles.

Con esto no queremos decir que todo menor de 18 años sea en todos los casos una criatura inocente y no consciente de lo que hace. Muy por el contrario. De hecho, debería diferenciar la sociedad que existen diferentes tipos de delitos entre nuestros jóvenes. No nos cabe duda que una cosa es hurtar, hacer destrozos en la vía pública y otra muy diferente es asesinar o quitarle la vida a alguien a sangre fría.

Creemos también que mucho antes de los 18 años sabe un jóven lo que significa quitarle la vida a alguien, y quizás aquí podrían hacerse las diferenciaciones, estableciendo un régimen penal diferencial acorde a distintas etapas evolutivas aproximativas en la vida de un sujeto.

Algo que la sociedad debería reveer

Tampoco se trata de que un jóven le quita a veces la vida a alguien porque sí. Muchas veces la sociedad debería reveer las causas y no las soluciones posteriores a los hechos. Creemos que es una visión equivocada la de pedir que baje la imputabilidad de los menores porque sí. En efecto, habría que ver si en parte el remedio no es peor que la enfermedad porque se le está dando a nuestros jóvenes el mensaje de que "a nosotros lo único que nos importa es que ustedes no nos hagan nada, lo que les pase a ustedes no es culpa nuestra, no nos tenemos que hacer cargo... Arréglensé ustedes con sus problemas."

Al menos ese entrecomillado parece ser por momentos el pensamiento de cierta parte de la clase media. Realmente lamentamos que nadie se ponga a pensar por qué antes sin leyes que imputaran a menores de 18 años no ocurrían efectivamente estas cosas que suceden hoy. Por eso, a nuestro entender, hay algo que falta.

Para ilustrar lo dicho anteriormente, baste mencionar que hay países en el mundo que cuentan con una considerablemente menor cantidad de policías, y que sin embargo son más seguros que el nuestro. ¿Cuál es la diferencia? Que simplemente hay menos gente dispuesta a delinquir. Por ello, concluímos que meter más policías en la calle de los que ya hay es ir detrás de los hechos, y no adelante de los mismos.

En nuestra ciudad es claro que las cosas parecen estar un poco mejor que en el resto del país: al menos hay un programa municipal (que además es parte del plan de seguridad comunitaria) que se encarga de atender a jóvenes en riesgo para evitar futuros problemas con la marginalidad que, por el momento, parecen haber dado algunos frutos (todo será cuestión de que esto también les ayude a resolver el porvenir a estos jóvenes y no sólo el presente). Tal vez de esto podría tomar nota el gobierno nacional y no de otras sugerencias que en definitiva, como lo plantearon nuestros lectores, parecen no resolver el problema.

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