De nuestra editorial: la deuda pendiente de la sociedad para con nuestros veteranos de Malvinas
No deja de sorprender que todavía existan en nuestro país ex combatientes que se sigan suicidando. Parece una paradoja que después de haber resistido estoicamente a la muerte en plena guerra hoy, en la actualidad, se sigan sucediendo estos lamentables hechos.
Y nos preguntamos el por qué de esto sin encontrar otra respuesta que el asombro. El asombro de que haya una sociedad que les niegue, no ya la gloria que se le debe moralmente a todo soldado, sino su propia posibilidad de realización. Es muy frecuente a menudo escuchar la exclusión que muchas veces hacemos para con aquel otro que sentimos diferente.
Diferente porque se los considera víctimas cuando en su corazón primó el heroísmo, por más que la guerra fuera decidida por la tiranía y por más que la junta militar haya decidido que fueran ellos a los que les tocara defender la soberanía nacional en el Atlántico Sur.
Pero en sus corazones lo que primó fue el patriotismo, y no importa lo que haya sucedido, porque lo que verdaderamente importa es lo que se siente. Y lo que ellos sintieron es el amor a la patria que tantas veces reclamamos a los demás. Es por eso que nuestros ex combatientes están más allá de las juntas militares. Ellos en verdad estuvieron incluso más lejos que nosotros, y no sólo geográficamente.
Por eso, sorprende que a veces, por su condición de ex combatientes se les niegue un trabajo, se les nieguen oportunidades, cuando, justamente, debieran ser los que más las tienen. O acaso. ¿Tienen que demostrar algo más los ex combatientes que no hayan demostrado?
Sinceramente, creemos que llega la hora de que sea la sociedad la que ahora deba mostrarle ya no el respeto, sino el aprecio y el agradecimiento por el acto de amor que ellos hicieron a una causa a la que le entregaron el cuerpo y el alma. Por suerte, para nosotros, nuestros veteranos no nos piden que demos la vida por ellos, pero sí al menos un gesto de ínclusión, un gesto de oportunidades, un gesto que les permita ser lo que quieran ser entre nosotros y no verlos mendigar en el tren o el colectivo unas mísceras monedas cuando la vida que entregaron por nosotros no tiene precio.
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